Es amistad con Dios...
La oración es el medio para acercarnos a Dios. Es el medio para crecer en amistad con el creador. Es el medio para nadar en las aguas profundas he inexploradas de la vida cristiana. Es un medio para crecer en santidad con Dios.
Durante y mediante la oración somos transformados, nuestros pensamientos son renovados, nos son revelados los misterios del creador y los defectos y debilidades nuestras nos son clarificadas y adquirimos fuerza para vencer la tentación. El amor de Dios se nos hace evidente y real.
Durante la oración comenzamos a mirar la vida como Dios la ve, la oración verdadera implica pedir las cosas correctas y de la manera correcta.
Jesús invertía gran parte de su tiempo en oración, los discípulos lo admiraban por ello y lo documentaron en los evangelios. David decía: “De madrugada de buscaré”. Martín Lutero invertía al menos tres horas en oración cuando tenía múltiples ocupaciones. Wesley decía que Dios no hacía nada que no sea en respuesta a la oración, él disfrutaba el pasar tiempo en oración.
La oración no debe ser algo tomado a la ligera, debería ser nuestra principal ocupación, el trabajo más importante.
La oración siempre es respondida, Pablo decía que nosotros somos colaboradores de Dios.
Hay un caso impresionante en Éxodo 32, cuando Moisés ora y suplica al Señor que apacigüe su ira y luego el relato muestra que el Señor se calmó y desistió de hacerle al pueblo el daño que había sentenciado. No todo debe ser como parece, no todo está perdido, no se ha dado la palabra final, Dios puede cambiar las cosas en respuesta a la oración.
En Jonás se registra otro incidente en el cual Dios cambia sus planes en respuesta al arrepentimiento de los Ninivitas.
Los dos anteriores incidentes nos muestran una razón poderosísima para la oración, el futuro se puede cambiar.
La oración se pude aprender los discípulos pidieron ser enseñados. Las oraciones de Jesús y de los apóstoles a favor de otros no muestran vestigio de duda. Son oraciones que reflejan autoridad y confianza, más que peticiones parecen órdenes.
Juan 15:7 dice: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá”. Dios siempre responde, en ocasiones no entendemos las respuestas, o tal vez es porque oramos de forma equivocada, quizás necesitamos aprender nuevos principios, o debemos cambiar algo en nuestras vidas. Podemos y debemos probar diferentes formas de orar hasta obtener la respuesta solicitada.
Orar no es tanto hablar como si escuchar, escuchar la voz de Dios. Al orar por otros es importante que les amemos, que sintamos un profundo interés por el favor de Dios por la vida de otros, es necesaria esa compasión que se registra cada vez que se intercedía por un enfermo o un necesitado en los evangelios.
No es necesario que la oración sea algo complejo, más bien debe ser sencillo, honesto, transparente, como un niño hablando con su padre, con absoluta confianza.
Un recurso poderoso en la oración es la imaginación. Juana de Arco respondía a sus detractores y burladores sobre las voces que ella escuchaba: “Sí, así es como Dios me habla”.
La imaginación le abre la puerta a la fe, si podemos verlo, imaginarlo, podemos creerlo, tenemos fe, la sustancia de lo que no se ve, pero se espera.
Dios siempre responde, el arzobispo Willian Temple dijo: “las coincidencias ocurren con más frecuencia cuando oro”.
Podemos orar siempre, no necesariamente en un lugar secreto, hacerlo así en secreto es maravilloso. Pero también podemos orar mientras viajamos, mientras trabajamos, mientras interactuamos con las personas, oraciones rápidas u oraciones largas, ambas las escucha Dios. Podemos orar con ganas o sin ellas, como el trabajo lo hacemos siempre. Es como hacer ejercicio entre más lo hacemos más nos gusta y nos beneficia.
Puedo decir que no recuerdo alguna oración sin respuesta. Dios nunca me ha abandonado y siempre me ha escuchado. Su bondad y misericordia siempre han excedido mis expectativas. El es bueno, siempre.
Recuerdo muchos años atrás llegar a casa después del colegio y encontrar mi madre enferma. Me puse muy triste, me sentí impotente, desesperado. Entonces me encerré en un cuarto y oré y oré y oré profundamente, lloré y oré. Le supliqué a Dios que por favor sanara mi madrecita. Después de un buen rato tocaron la puerta del cuarto para informarme que ya se encontraba sana. ¡Gloria a Dios! El es bueno.
En otro momento me encontraba sin trabajo, sin dinero y con deudas que cancelar, responsabilidades que cumplir pero sin los recursos necesarios. Le pedí a Dios con angustia, con desesperación pero confiando que El y solo El me podrían ayudar. ¿Qué pasó? … Me respondió, me dio el trabajo que yo le pedí. Dios es bueno siempre lo es.
La oración es un deber y un privilegio como hijos de Dios. Así como un hijo pude y debe comunicarse con su padre y madre. El orar nos ayuda en el cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestras vidas, nos ayuda a morir al yo y vivir para Cristo y en Cristo. Nuestro ministerio y responsabilidad en esta vida es fundamentalmente conocer a Cristo y servirle. Servirle a él y a nuestros semejantes y eso lo pedimos hacer por medio de la bendita oración, del tiempo que pasemos junto a él.
Las anteriores palabras se basaron en la lectura del Libro Alabanza a la Disciplina de Richard J. Foster, el cual fue sugerido en un curso sobre Disciplinas de la Vida Cristiana en el seminario ESEPA.
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