martes, 22 de septiembre de 2009

Exito es orar

Una vida de oración, una vida de éxito.Añadir imagen

Así como el leñador requiere afilar sus herramientas el cristiano y el ministro debe mantener una vida de profunda oración y relación con Dios. Esto si queremos ser efectivo en los desafíos que la vida nos presente, si realmente queremos ser excelentes en el cumplimientos de nuestras responsabilidades.




Me encanta la frase de Juan Bunyan cuando dijo: “Puedes hacer más que orar, después de que has orado, pero no puedes hacer más que orar hasta que hayas orado” es nuestro deber y nuestra oportunidad orar al hacerlo podemos adquirir de fuerza del más Fuerte, podemos renovar nuestros pensamientos al lado del que todo lo puede y para quien no existe imposibles. Cuando oramos pasamos tiempo de intimidad con Dios. Disfrutamos tanto nosotros como él de la conversación más maravillosa del mundo, hablar con nuestro papito celestial y él conversa con sus hijos amados. Es deleitoso, placentero, agradable, es inigualable, sin medida de comparación terrenal el tiempo invertido con Dios. Satisfacemos la principal necesidad del ser humano, la relación, la amistad con Dios.



Al orar la imagen de Dios se imprime en nuestras vida, le conocemos más y nos transformamos paulatinamente a su imagen.
Al orar nos entregamos a Dios y a su voluntad, morimos a nosotros mismos. Su verdad y voluntad se hacen más claras para nuestra vida.
Es maravilloso orar en privado y en forma personal; pero la oración en grupo, en la iglesia es sumamente poderosa. Son muchos los testimonios de los primeros cristianos y de los actuales de la respuesta de Dios a la oración de la iglesia a favor de los enfermos, necesitados, conflictos bélicos, poder para la predicación, etc.



Un razón más y sumamente poderosa por la que debemos orar es porque Jesús lo hacía con frecuencia, en especial cuando la presión y el trabajo era más difícil. Es importante orar para imitar a nuestro maestro y así como él recibió fuerzas para cumplir su ministerio nosotros seremos fortalecidos para servir de forma efectiva y gozosa a nuestros semejantes.
Jesús se retiraba para estar solo, meditar y orar. Si él lo necesitaba no lo necesitaremos nosotros también y con mucha mayor razón.



La oración es de suma importancia para vencer a los enemigos de nuestra vida, para vencer el estrés de la sociedad moderna, para vencer las carencias de recursos, para vencer las debilidades del alma y enfrentar las tentaciones del mundo. La vida implica luchar, por ello el Apóstol habla de la armadura del creyente. Y nuestra principal arma se enfunda de rodillas, a los pues de maestro.



El llamado a la oración es un llamado a la disciplina, no al legalismo. Es un llamado a una entrega humilde, reconociendo nuestra absoluta necesidad de Dios.
Filipenses dice: “Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor”, es decir exige disciplina. Muchas veces nuestra voluntad y mente saben y quieren sumergirse en el maravilloso mundo de la oración. Sin embargo nuestras emociones prefieren navegar en internet, mirar televisión, comer o hacer cualquier otra cosa importante o no pero de menor rédito. Muchas veces nuestras emisiones luchan para desviarnos de nuestro encuentro con Dios. Al principio cuesta, y cuesta mucho pero una vez que invertimos tiempo con Dios y disfrutamos de su compañía nuestras emociones se tienen que rendir y dejar de resistirse a nuestra voluntad. Por otro lado el Espíritu Santo nos ayuda y nos dirige para orar como conviene como es debido, según la voluntad de Dios. No estamos solos en esta labor… a disfrutar de la oración.



Esta reflexión está basada en el libro El éxito según Dios de Hughes.


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